sol y catarro

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supongo que a todos nos han dicho eso de "cuidado con este sol porque da catarro". A mí unas cuantas veces pero esto forma parte de ese selecto grupo de cosas que no se aprenden nunca y así, después de unos días con un sol de casi treinta grados a la sombra y un aire acondicionado en el coche a todo gas (el aire, no el coche, que con la cantidad de cámaras que hay en León las multas de tráfico por velocidad están a la orden del día, vamos, que esto va a convertirse en un realiti show del tipo Gran Hermano, porque todo se graba, pero en su versión urbana...), por dónde iba, ah sí, que con tantos cambios de temperatura no hay agua o masa corporal que lo aguante de forma gratuita. Entonces el cuerpo se prepara para una batalla infernal avituallándose de mocos como si del fin del mundo se tratase y, si es más grave, sometiéndose así mismo a una virtual maratón con saco de patatas a la espalda, porque el dolor de huesos (y músculos, piel y hasta pelo!) no se puede explicar de otra manera!. La noche que te trae uno y otro adquiere el adjetivo que ya quisieran para sí tantos amantes (los de Teruel y otras provincias), eterna, y la mente, también a su bola, se escapa por donde no lo esperas, a ciegas, en lo que viene a ser uno o cien delirios, tantos como despertares tengas. Y al día siguiente, la tos, cansina, y los mocos, en sempiterno pie de guerra, te recuerdan (si no es tu madre, tu tía o tu abuela!) eso de "cuidado con este sol que no solo quema...."

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