las llaves y yo

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tengo un reconocido problema con las llaves, creo que esto se debe, como tantas cosas, a su carencia en la infancia, ya que antes en Mozóndiga las puertas estaban siempre abiertas, de hecho, tuvimos que empezar a usar la cerradura cuando una de las gatas (la Gris) aprendió a abrirlas (de un salto se colgaba de la manilla y se iba moviendo hasta que ésta se bajaba y abría la puerta) pero no a cerrarlas.... Y ahora de mayor me encuentro con un manojo de llaveros para tantos manojos de llaves para cuántos manojos de puertas, y claro, con tal cantidad de elementos en la ecuación es normal que alguna acabe olvidándolo en el garaje (no se qué me sucede últimamente con esta parte del edificio, quizás sea algún mensaje de algún ser extraño y en un lenguaje que no puedo comprender (...)), aunque éste sea el conjunto de llaves de casa, del buzón, trastero, puertas RF de vestíbulos intermedios y del ya nombrado recinto, que además se enlazan con tres o cuatro pequeños muñecos o llaveros en sí mismos o flores de ganchillo por eso de darle un peso determinante y una apariencia reconocida y suficientemente expresiva como para no perder tiempo (y nervios) en su búsqueda. Y la verdad, es que sólo me falta colgarles un ladrillo, macizo además, o un teléfono móvil donde llamarlas o atarlas con una cuerda a la muñeca, porque cualquier día en vez de dentro me quedaré fuera y ya solo me quedará vagar como alma en pena por unas llaves olvidadas....

1 comentarios:

Anónimo dijo...

llama... que siempre habrá alguien que te abrirá