Una noche de verano, Senta y Thomas se conocen en un café del barrio de Kreuzberg, en Berlín. El encuentro actúa en ambos como una auténtica tormenta eléctrica, intensa y arrolladora, algo que ninguno de los dos ha sentido nunca. A partir de ese instante, los días se sucederán muy deprisa y el deseo los mantendrá anclados en un mundo aparte. Pero pronto aparecerán las dudas: Senta es un catálogo abierto de emociones que estallan a cada momento y Thomas, un asesor de sistemas informáticos de carácter tranquilo, no encaja bien algunas sorpresas. Un simple malentendido y, en un instante, todo se vuelve complicado y doloroso.----
lo adquirí en el aeropuerto con el tiempo justo para no perder el vuelo a Düsseldorf, así que solo me quedé en que su autora, con este libro, había sido finalista del Deutscher Buchpreis. Por lo demás, la historia se queda en el resumen de su contraportada y sólo en algunos momentos he disfrutado como lectora, de la manera de vivir por los personajes la misma situación, con las diferencias de género como matriz y el plus de la inestabilidad de Senta.
Para unas tardes de domingo.
Para unas tardes de domingo.
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