supongo que por vuestra edad (esto lo puedo decir porque aún soy joven) todos conoceis al mayor escritor de novelas del oeste, para padres, de la historia de este país. Me refiero, claro está, a M.L. Estefanía. A ese que curiosamente hace años, muchos, cuando era más joven de lo que aún soy ahora, hace unos 25 por lo menos, cuando aprendía a leer no antes (con cuántos años nos enseñaban?) siempre interpreté como autora, por eso de apellidarse como una de mis tías se llama. De aquella no sabía que los nombres podían ser apellidos y los apellidos nombre, y hoy me pregunto si no habrá suficiente castellano como para evitar generar esta confusión a los que empiezan a leer!. Pues resulta que hace ya unos días, en el kiosko donde últimamente acostumbro a comprar el periódico los sábados, descubrí una estantería llena de mini-novelas o novelinas (por el tamaño, se entiende) con pintas de haber sido leidas, releidas, requeteleídas, taraterreleidas (y así sucesivamente) y pregunté a la kisokera por la duda surgida. Ella, solícita, me explicó que eran para cambio, que las que hubiese o hubiera leído, por solo 30céntimos (de euro) podía cambiarlas allí. Yo quería decir que no, que yo de esas novelas no leía ni había leído en mi vida, pero que a mi padre le gustaban (igual que a Curro el Palmo el de Serrat (pero por Antonio Vega)). Supongo que tengo cara de western porque ella seguía refierendose a mi como lectora habitual de las mismas, así que el otro día volví, como cada sábado, pero además con 8 novelas (mini-novelas o novelinas, se entiende) para canjear. Las desenfundé poco a poco, como mostrando pesar por deshacerme de ellas y lentamente las dejé sobre el mostrador. Luego, la solícita kioskera que trabaja en turno de mañana, de la estantería, con el mismo frenesí o con el mismo cuidado que había demostrado yo en mis movimientos, me acercó unas 40 novelas (mini-novelas o blablabla). Yo, cometí el error de preguntarme en voz alta, como nunca hacen los héroes del Oeste, ahora, ¿cuales escojo?. Ella me miró con sorna, como diciendo, ¿te las escojo yo? (bueno, de hecho lo dijo) tras de lo cual, con una rapidez que si les caracteriza a los de antes, tomé las 8 primeras, pagué lo que me pidieron y me fui silbando una melodía cualquiera pero que todos reconocemos.....m. l. estefanía a 30 céntimos
supongo que por vuestra edad (esto lo puedo decir porque aún soy joven) todos conoceis al mayor escritor de novelas del oeste, para padres, de la historia de este país. Me refiero, claro está, a M.L. Estefanía. A ese que curiosamente hace años, muchos, cuando era más joven de lo que aún soy ahora, hace unos 25 por lo menos, cuando aprendía a leer no antes (con cuántos años nos enseñaban?) siempre interpreté como autora, por eso de apellidarse como una de mis tías se llama. De aquella no sabía que los nombres podían ser apellidos y los apellidos nombre, y hoy me pregunto si no habrá suficiente castellano como para evitar generar esta confusión a los que empiezan a leer!. Pues resulta que hace ya unos días, en el kiosko donde últimamente acostumbro a comprar el periódico los sábados, descubrí una estantería llena de mini-novelas o novelinas (por el tamaño, se entiende) con pintas de haber sido leidas, releidas, requeteleídas, taraterreleidas (y así sucesivamente) y pregunté a la kisokera por la duda surgida. Ella, solícita, me explicó que eran para cambio, que las que hubiese o hubiera leído, por solo 30céntimos (de euro) podía cambiarlas allí. Yo quería decir que no, que yo de esas novelas no leía ni había leído en mi vida, pero que a mi padre le gustaban (igual que a Curro el Palmo el de Serrat (pero por Antonio Vega)). Supongo que tengo cara de western porque ella seguía refierendose a mi como lectora habitual de las mismas, así que el otro día volví, como cada sábado, pero además con 8 novelas (mini-novelas o novelinas, se entiende) para canjear. Las desenfundé poco a poco, como mostrando pesar por deshacerme de ellas y lentamente las dejé sobre el mostrador. Luego, la solícita kioskera que trabaja en turno de mañana, de la estantería, con el mismo frenesí o con el mismo cuidado que había demostrado yo en mis movimientos, me acercó unas 40 novelas (mini-novelas o blablabla). Yo, cometí el error de preguntarme en voz alta, como nunca hacen los héroes del Oeste, ahora, ¿cuales escojo?. Ella me miró con sorna, como diciendo, ¿te las escojo yo? (bueno, de hecho lo dijo) tras de lo cual, con una rapidez que si les caracteriza a los de antes, tomé las 8 primeras, pagué lo que me pidieron y me fui silbando una melodía cualquiera pero que todos reconocemos.....
Suscribirse a:
Comentarios de la entrada (Atom)
2 comentarios:
pues me imagino que aprenderías a leer a los cinco o seis, recuerda que antes se entraba mas tarde al cole
antes entrábamos a las diez de la mañana, esa si que es buena hora!, recién cumplidos los cuatro añines.
Publicar un comentario