SAN JUAN DE ORTEGA

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SAN JUAN DE ORTEGA
Nace en el pueblo de Quintanaortuño, provincia de Burgos, en el año 1080. Compañero de Santo Domingo de la Calzada y él mismo peregrino a los Santos Lugares. Fue tras este viaje, lleno de penalidades y riesgos, cuando el santo fundó esta casa dedicada a San Nicolás y poblada por canónigos de San Agustín hasta su entrega a los jerónimos, ya en el siglo XV.
Su vida sencilla y dedicada a la tarea de construir puentes y desbrozar caminos, se caracteriza por unos pocos antecedentes que marcan menos su personalidad que su significado mítico posterior. Se cuenta, por ejemplo, que fue hijo tardío de un matrimonio noble que soportaba ya veinte años de esterilidad; se le recuerda una larga estancia en Jerusalén, de donde regresó con ansias de vida eremítica y con el deseo paralelo de construir. Ambas cosas las cumplió retirándose a las colinas de los Montes de Oca, donde se puso casi inmediatamente a la tarea de levantar una ermita a San Nicolás, que le había librado de un naufragio al regresar de Tierra Santa. Después de esta ermita, convertida por él en santuario y monasterio con hospital para peregrinos, pasó a construir puentes, entre los que se recuerdan el de piedra de Logroño sobre el Ebro y el de Nájera sobre el río Najerilla aparte de otro que trazó en las cercanías de Santo Domingo de la Calzada sobre un arroyo que ofrecía serios peligros para ser vadeado. Con los tres puentes alcanzó el grado supremo de pontífice, que ya tenía su maestro Santo Domingo de la Calzada.

Después de su muerte, que llegó allá por el año 1161, los canónigos regulares de San Agustín que ocuparon su monasterio, fueron los encargados de difundir y fomentar su fama de santidad y sus milagros. Entre éstos cabe destacar que, al menos en dos ocasiones y según la tradición, surgieron las abejas como elemento testimonial del celestial prodigio. Al parecer, la primera vez fue cuando se intentó trasladar el sepulcro del santo desde la capilla de San Nicolás a la iglesia monástica. En aquella ocasión surgió sobre la multitud que esperaba el acontecimiento un enjambre de abejas blancas que llenó de emoción los corazones y de un maravilloso aroma el recinto del templo. En aquella ocasión -dicen- el cuerpo del santo se pegó como una lapa al suelo y se negó a que le movieran del lugar donde se encontraba.
La segunda vez fue con motivo de la presencia de la reina Isabel la Católica, que acudió al sepulcro de este santo Burgales en demanda de descendencia, pues corrió la fama de que intercedía en favor de las mujeres estériles o deseosas de tener hijos. Se dice que en presencia de la reina de Castilla, abrieron el sepulcro del santo y nuevamente surgieron de su interior las abejas blancas, mientras los asistentes contemplaron cómo, en el interior, a pesar de que no quedaba más que el esqueleto del santo, su corazón permanecía fresco y húmedo, como si acabara de cesar de latir.
FUENTE:
http://www.coaatleon.es/
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Hoy celebramos nuestro Patrón, excusa para un festín poco pantagruélico (en San Marcos), trajes y vestidos de más o menos galas, tintes renovados, conversaciones de siempre, de crisis de todo tipo y condición pero sobre todo de construcción....

1 comentarios:

Unknown dijo...

y desde cuando te van a ti la vida de los "santos" que no son de nuestra familia????