Hace una semana regresábamos de nuestras vacaciones, hace ya una semana, aunque ya ni me acuerdo de esos diez días, parece como si mi cabeza los hubiera dejado atrás, comprimidos, en la parte de recuerdos que menos ocupa, como liberando espacio de este disco duro y cediéndoselo a la realidad del presente y futuro, porque los recuerdos cuántas veces, en seguida, se han convertido como en sueños. Realidad aplastante me dejó el martes pasado, bofetada de realidad, un colega aparejador se suicidaba, ¿por qué? supongo que la crisis de la media vida (tenía 46 años) se llevó en un segundo la otra mitad; supongo que estas bajas defensas mías me han hecho darle más vueltas de lo debido como supongo que no tiene sentido. Suelo decir algo así como que las personas somos oscuridad en nosotros mismos y luz en los demás y por eso cuando alguien falta nosotros ya no brillamos en él o en ella, pero su recuerdo sigue haciéndonos brillar, y precisamente es este resplandor el que nos da la vida porque son las personas con quien la compartimos (nuestro capital social). Pero quizás no sea así y al final el valor de cada uno es el que cada uno se quiera dar y cuando los días pasan y no te dan/das nada, entonces qué se te puede pasar por la cabeza, qué se le pasó a él. Supongo que hay veces que todo esto parece un juego y cuando no estás a gusto solo quieres que se termine pronto para volver a empezar a jugar, y supongo también que se nos olvida que somos una única ficha, que no hay más.
Siento esta reflexión nada apropiada para la primavera que acaba de empezar, pero me quemaba en las entrañas y necesitaba sacarlo de alguna manera, que ya bastante sufro de ardor.
Siento esta reflexión nada apropiada para la primavera que acaba de empezar, pero me quemaba en las entrañas y necesitaba sacarlo de alguna manera, que ya bastante sufro de ardor.
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