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definitivamente ha comenzado el curso escolar y las calles vuelven a llenarse de coches con mamás y papás y las aceras de mochilas con ruedas arrastrando niños muy a su pesar y apurando el tiempo para no ser nunca puntual. Los pasos de cebra son dirigidos por un chaleco amarillo con un señor dentro con suficiente autoridad como para interrumpir el tráfico cuando lo desee, aumentando si es que se puede más, el caos de la ciudad. Autobuses apostados a los lados de las calzadas despiden estudiantes adormilados, vigilados eso sí, por otro chaleco amarillo, éste con señora incorporada, atenta a las circunstancias que los rodean en cada momento; y así, cada mañana, la misma pregunta me asalta, cómo yo he podido llegar hasta aquí sin mochilas rodantes, ni leyes que me impidieran viajar en autobús todos los años (desde 4º de EGB) sin cinturón de seguridad, sin adulto (amén del conductor, claro), compartiendo con otros dos el asiento, sin nadie esperando a la salida o en la parada..., seis años enteros arriesgandonos la vida (...) a una edad, tierna, en la que la peor pesadilla era la de soñar que habías ido a la escuela en zapatillas de casa, en fin, que no hay secuelas que lamentar en esta etapa de la vida, aunque ahora que lo pienso, podrá venir de ahí mi nula relación con el calzado hogareño?

1 comentarios:

Anónimo dijo...

que tiempos aquellos en los que viajabamos hasta villadangos en un autobus con ventanillas por las cuales podiamos sacar la cabeza,en la que ibamos sentados tres en el mismo asiento, en la que deciamos "el salto" y al pasar por el bache todos saltabamos a la vez, jejeje. lo de las zapatillas de estar en casa yo creo que viene de aquella vez que cierta personas te regalo unas por navidad, jjeejeejeje.
el lunes llego, a si que pasate por la tienda y tomamos un cafe